El manga para chicas se conoce como manga shojo. Sus raíces se pueden encontrar en las primeras revistas dirigidas a una audiencia femenina juvenil, publicadas a principios del siglo XX.
La evolución del manga shojo comenzó con estas revistas, y su popularidad se disparó a finales de los años 50 y principios de los 60.
Estas publicaciones para chicas solían incluir muchos extras, como encartes pegatinas y otros pequeños objetos coleccionables, que eran enormemente populares entre el público femenino juvenil y hacían que se dispararan las ventas de las revistas.
El manga shojo es visualmente muy distinto del manga creado para chicos. Al contrario de lo que encontramos en el manga shonen, que enfatiza el diálogo y la acción, el manga shojo a menudo recurre a narrativas internas para expresar los pensamientos y sentimientos de los protagonistas. La maquetación de una página de manga shojo puede ser bastante compleja, con una sofisticada disposición de las viñetas y un generoso uso del espacio en blanco. Generalmente, el manga shojo destaca por su sutil profundidad psicológica y por su interés por la trascendencia emocional, que se evidencia en la representación de personajes femeninos con ojos grandes y expresivos.
A finales de los años 70 y 80 surgió una marcada tendencia dentro del manga shojo, conocida como el «estilo doncella» u «otome-chic». Este género presentaba historias basadas en la vida cotidiana de las adolescentes japonesas, ambientadas en entornos familiares como el hogar y la escuela. Las protagonistas no se caracterizan por un talento o habilidades excepcionales, pero sí hay algo que coincide en todas ellas: son adorables (kawaii), vulnerables y normalmente necesitadas de protección.
Caracterizado por líneas finas y delicadas, un uso etéreo del espacio, y protagonistas con ojos grandes y brillantes, el otome-chic realzaba los atuendos, los patrones ornamentales y los motivos decorativos entrañables. Aunque se criticó que representaba una regresión a la «superficialidad del viejo manga shojo», estas narrativas contribuyeron significativamente al desarrollo de la cultura kawaii en Japón.